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Vicios del lenguaje y provincialismos de Guatemala,
por Antonio Batres Jáuregui (1.892).

Laura Martin Ph.D.
Ultima revisión mayo de 2.006
Translations from English to Spanish by Gladys "Toty" Martin

I. Antecedente y autor

Como su título sugiere, el propósito de la obra de Batres Jáuregui es principalmente una de prescripción y corrección. Así que su trabajo no es un diccionario completo ni de español ni de español guatemalteco. Más bien se concentra en esos elementos de español guatemalteco de fines del siglo XIX que impresionaron al autor como particulares de la región o como desviados del español correcto. En muchos casos obviamente estas categories se entrecruzan.

Antonio Batres Jáuregui (1.847-1.929) fue uno de los eruditos más famosos de Guatemala. Educado en abogacía, y escritor de historia, él fue una figura sobresaliente en los debates acerca de identidad nacional que caracterizaron el periodo después de la independencia de Guatemala en 1.821. Una publicación guatemalteca reciente expone su papel como socio de la clase intellectual naciente de finales del siglo XIX: Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1.820-1.920), de Marta Elena Casaús Arzú y Teresa García Giradles. (Guatemala: F&G Editores, 2.005; para detalles, consultar http://www.fygeditores.com/fgredes.htm , última visita abril de 2.006).

Batres Jáuregui estaba especialmente interesado en la localización de poblaciones indígenas, primordialmente mayas, dentro de la nación guatemalteca. Su punto de vista paternalista y principalmente negativo de lo que consideraba una gente que no está civilizada se hace evidente en su diccionario. Estas ideas especialmente como se presentan en su obra de 1.894, Los Indios, su historia y su civilización , se discuten electrónicamente en un artículo publicado por David Carey ( http://www.iacd.oas.org/RIB%202%2098/carey298.htm , última visita abril de 2.006.)

Además del diccionario, Batres Jáuregui también escribió El castellano en América, publicado en 1.904. Esta obra es un relato más alargado y de más alcance de las diferencias –principalmente errors y vulgarismos , según el autor – entre el español en las Américas y la version más pura hablada en la península Ibérica. Nombres, errores de pronunciación, desdichas gramaticales, etc. son escudriñados. Hay capítulos acerca del uso apropiado de artículos, preposiciones, convenciones ortográficas, y por supuesto, formas verbales incorrectas, principalmente el voseo . El autor también defiende fuertemente el que se incluya americanismos certificados en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) y presenta muchos ejemplos interesantes. Sin embargo, su diccionario del uso y lexicón en español guatemalteco es su obra más útil.

Vicios del languaje y los provincialismos de Guatemala no es en absoluto una compilación completa de español guatemalteco del siglo XIX. Es errante, selectivo, personal e idiosincrático. No obstante es una fuente muy útil ya que es el documento más antiguo que existe de este tipo. Y aunque Batres condena formas como desilusionar – “Deben, pues, desengañarse los que usan tal verbo, de que aunque figure en algún léxico neológico, que registra flautar, oracionar, no tiene autoridad alguna”, – demasiado como un aumentativo, y dilatar como un intransitivo (para usar solamente unos ejemplos), más de un siglo después ellos siguen activos en español contemporáneo guatemalteco.

II. Materia introductoria

El diccionario Batres se divide en varias secciones. La primera parte (pp. 3-59) comienza con un Prólogo del Autor (pp.3-23). Este manuscrito es un entretenido himno de las glorias de los conquistadores y de los primeros en llegar al territorio recientemente descubierto, mezclado con una discusión de los numerosos neologismos que produjeron la nueva flora y fauna de la región. La presentación incluye muchos ejemplos de palábras autóctonas incorporadas al español para nombrar objetos nuevos. Batres muestra registros de ejemplos de grupos indígenas como los mexicanos (43 ejemplos), quichua andinos (12), y “quiche/kackchiquel”, (ahora escrito como K'iche' y Kaqchikel) lenguajes maya de Guatemala (13 ejemplos además de topónimos). Además de fuentes indígenas, Batres también alude a varias otras fuentes etimológicas para el lexicón español, incluso vocabulario náutico de marineros (26 ejemplos), árabe, y préstamos de otros languages europeos.

Aunque generalmente no le gusten los neulogismos, Batres aprueba aquéllos indígenas porque dejan un rastro de las culturas antiguas que él cree serán descartadas pronto a medida que la gente nativa de Guatemala se “civiliza”… [P]orque cuando dos civilizaciones chocan, prevalece la que más fuerza moral encierra, bien que algo queda del amalgama y compensación…” (p. 30).

El Prólogo también aclara la intención del autor al crear el diccionario: mejorar la pureza y exactitud del lenguage. El compara Guatemala (negativamente) a países de suramérica donde se han hecho más esfuerzos para codificar, corregir, y pruficar el español americano. Andrés Bello, el diplomático nacido en Venezuela, poeta y erudito que publicara la primera gramática de español americano – Gramática de la lengua castellana – en 1.847, es un héroe especial a quien se le cita a lo largo de la obra de Batres Jáuregui. Batres espera que su diccionario sea una herramienta poderosa para maestros encargados de “civilizar” a niños indígenas, o sea, convirtiéndolos en hablantes de espa ñol. El se refiere a su volumen como una “lista…de nuestros provincialismos con sus equivalentes castizos, y con ejemplos [de los últimos] de los clásicos españoles”.

La lista de Provincialismos de Batres es larga e incluye asignación incorrecta de género nominal, letras (por ejemplo, sonidos) omitidos o añadidos, “terminaciones antojadizas”, derivaciones neologísticas (por ejemplo, formación de verbos de sustantivos que no lo permiten), transposición de sonidos, uso caprichoso de terminaciones derivadas (por ejemplo, uso de -al en nombres de árboles para referirse al árbol mismo y no solamente al huerto, como en el español estándard, y preposiciones que se trastruecan. El se lamenta especialmente de la preferencia general hacia vocabulario vulgar en vez de erudito, y presenta una lista de ejemplo en la anotación de candela (p. 94). En general, su punto de vista de español guatemalteco regional sin duda refleja una cierta inseguridad y envidia, parte del legado intelectual de la clase alta guatemalteca, o clase aspirante a ascender, en la época de independencia y construcción de la nación en un país geográficamente pequeño, demográficamente frágil, y económicamente vulnerable.

En este manuscrito Batres también hace un registro de las fuentes principales que consultó durante la creación del diccionario. Aunque no es una bibliografía –y fuentes adicionales aparecen en otros sitios dentro del volumen- sino una serie de párrafos con títulos, fechas y autores acompañada de descripciones errantes y evaluaciones. Las ciudades y países para los cuales se han citado fuentes incluyen Cuba, Bogotá, Chile, Peru, Argentina, Venezuela, y Río de la Plata. También se usaron algunos diccionarios panamericanos, estudios generales, gramáticas, historias, y obras literarias para autenticar los significados, derivar etimologías, establecer distribuciones, definir lo correcto, y proveer ejemplos. El particularmente cita obras del escritor guatemalteco José Milla y Vidaurre (1.822-82), quien escribió bajo el seudónimo anagramado Salomé Jil y a quien se le considera como el padre de la novela guatemalteca y el creador del personaje del hombre común guatemalteco, Juan Chapín. Para información biográfica adicional y muestras de la obra de Milla, favor de ver las páginas de literatura guatemalteca en http://www.literaturaguatemalteca.org/milla.htm (última visita abril de 2.006) ó el Directorio Electrónico de Guatemala en http://www.deguate.com/personajes/article_723.shtml (última visita abril de 2.006. )

Después del Prólogo aparece un manuscrito titulado “La lengua castellana en la América Española” (pp. 25-45), en el cual el autor describe en más detalle los dos fenómenos que considera que han enriquecido el español de Guatemala y otros países de las Américas: Primero, Guatemala conserva muchas formas ahora perdidas en la Península, cosas que él nombra arcaísmos; y en segundo lugar añade “voces autóctonas” para objetos nuevos y usos. El autor lamenta la poca atención e investigación que formas regionales del language han recibido.

El también propone el debate geográfico y de cambio del lenguage cincuenta años antes de que lo hiciera Lincoln Canfield (1964), para explicar por qué la pronunciación de Centroamérica es tan arcaica. Según Batres J., después de mediados del siglo XVII la distancia entre Guatemala y los centros comerciales principales era tan grande, y la interacción con la Penísula y otras regiones tan limitada, y la población tan analfabeta, que “Explícase así…, de que nosotros hablemos después de tres siglos, como hablaron los primeros españoles que aquí vinieron” (p. 36). El ofrece varios ejemplos de formas de pronunciación de la época de la Conquista que todavía se hacen presentes en el español guatemalteco, incluyendo la falta de distinción entre z, c, y s, débil ll , no pronunciar la d final, formas verbales arcaicas como vide y vido , y la transformación de formas de la segunda persona plural familiar vosotros como -áis y -éis a -as y -és .

En el Prólogo, el autor también compara ejemplos de vocabulario específicamente regional recogidos a lo largo de las Américas. Por medio de citas de cronistas antiguos, también registra los grupos de lenguajes indígenas que han contribuído a su riqueza lexicográfica, incluso una lista de más de veinte idiomas indígenas que él identifica como hablados en el territorio colonial guatemalteco. Algunos de los más unusuales de éstos son vebetlateca, cuahutemalteca (cakchikquel), tlacacesvastleca, hutatleca (quiche), mamcy, y ulba.

El autor termina su manuscrito con un debate de por qué la independencia de España (e incluso el odio al yugo colonial) no debieran resultar en separación del lenguage de la madre patria (y su literatura), o en la vulgarización de la lengua nacional. El aplaude fuertemente los grandes esfuerzos de la Real Academia Española (RAE) como un árbitro de lo correcto y de la inclusión – a pesar de lo que él considera como unas pocas decisiones equivocadas. El autor usa la edición decimosegunda de DRAE como su fuente estándard y la cita en muchas anotaciones.

Estas fuerzas opuestas (una hacia identidad nacional y aprecio de la variante linguística local, y otra, el deseo de unidad a lo largo del mundo hispanohablante), están en conflicto directo en el manuscrito, y Batres Jáuregui nunca las reconcilia. El ciertamente ama la variedad regional, aún cuando desolle su gran número de formas incorrectas. Este dilema se ve reflejado en esta frase en la anotación para apaste (un tipo de olla con orejas) donde Batres defiende la importancia de su reconocimiento formal pero también revela su fe en que las gentes indígenas de la cual proviene pronto desaparecerán entre la neblina de la historia:

Esta es una de tantas voces indígenas ( apaxtle ) que corren en Centro-América confundidas con las palabras castellanas; y á fe que el apaste , merecía honores lexicográficos, ya que á sus compañeros el comal, el tamal, el coyote, el petate, el chile, el atole y mucho otros vocablos mexicanos, se les ha concedido la entrada en las columnas del Diccionario; porque no han podido los señores académicos de la calle de Valverde dejar de reconocer el hecho de que, desde los primeros días de la conquista, sobre la ancha base del idioma de Castilla, comenzaron a brotar–como silvestres flores que pugnan por echar sus renuevos en la tierra donde antes crecían libres; en su propia tierra, que el jardinero convirtió después en artificial verjel—muchas palabras indianas que sobrevivieron á los reyes de aquella raza desgraciada, y que acaso la verán desaparecer, siguiendo ellas en contubernio deslizándose en el lenguaje, como se deslizan las gotas de un manantial cuando caen en caudaloso río (p. 98).

Por ultimo, la sección de apertura termina con un manuscrito de 12 páginas acerca de “Transformaciones de la ortografía española” (pp. 47-59). Empieza con una encantadora comparación del español con otros idiomas europeos:

Si no tiene la suavidad del italiano, la gentileza del francés, la concisión del ingles y la filosófica profundidad del alemán, ostenta en cambio armónico ritmo y exuberancia de viriles, sonoras dicciones, que harto justifican la preferencia que Carlos V le diera para hablar con los dioses (p. 47).

De aquí en adelante el autor presenta una inspección cronológica de variedad ortográfica en español escrito desde El Cantar de Mío Cid a través del reino del gran rey español medieval Alfonso X, cuyos eruditos del siglo XIII codificaron la variedad castellana del español a la época de Carlos V y la colonización de las Américas.

III . Diccionario

El diccionario propio consiste de 498 páginas con cerca de 2.000 anotaciones, empezando con los usos de la preposición a (p.61), y terminando con zutes (p.560), una palabra de origen maya. Cada palabra de la anotación aparece centrada en la página mientras que el texto aparece de margen a margen. Las anotaciones son extremadamente discursivas. Aunque correcciones de pronunciación poco común ocupan algunos renglones, otras anotaciones toman varias páginas como es el caso de azopilotado , por ejemplo, que toma tres páginas, y pararse , que toma cuatro. Las anotaciones pueden ser largas ya que con frecuencia incluyen una variedad de citaciones extensas de escritores, poetas o gramáticos, así como también material no linguístico interesante como anécdotas personales, recetas para platos regionales, y poemas.

En las anotaciones, así como también en sus manuscritos, Batres identifica arcaísmos (por ejemplo, cobija, fajar, manida, pila, brin, etc.), préstamos indígenas (por ejemplo, calpul, cacaxte, atol, etc.), y vocabulario marítimo (por ejemplo aguaje, boya, botar, etc.). El critica los galicismos, como acusar, avalanche, bouquet, landeau, remontar, vaudeville, etiqueta (p.143), y ofrece sus equivalentes del español. En las anotaciones para flora y fauna locales Batres con frecuencia da nombres científicos, especialmetne para pájaros y árboles, aunque en el Prólogo niega su intención de presentar una lista completa. No está claro cuántos de estos proyectos son de confiar ya que son diferentes en diccionarios especialmente el de Rubio, quien presta gran atención a la identificación científica.

Así como otros autores de diccionarios guatemaltecos, Batres Jáuregui sugiere o asigna origin indígena para algunos artículos generalmente sin etimologías completas. Rara vez especifica un lenguage particular como fuente, como en el caso de chigua , la cual él dice que “tiene marcado sabor indígena” (p. 76). Algunas de estas etimologías no son correctas y él no identifica otras que ahora se reconocen sin duda como provenientes de fuentes indígenas. La organización alfabética no es siempre de confiar.

Batres cita frecuentemente el Diccionario, o sea, la decimosegunda edición de DRAE publicada en 1.884, que usa como su ultimo árbitro del uso correcto. El generalmente indica si una anotación aparece en el DRAE o si el significado es diferente de aquél registrado aquí. También se fía bastante de la obra del distinguido gramático erudito Andrés Bello. Lo correcto influencia bastante su decisión de la validez de cualquier palabra. Si una versión diferente se menciona en el DRAE o por Bello, siempre la sugiere como una alternativa a la local. Hace algunas comparasiones a otras variedades de español americano, resaltando algunas diferencias contrastantes en significado y detallando significados especializados para palabras compartidas. De vez en cuando él apoya la inclusión de un término regional en el DRAE.

Debido a su preocupación con “provincialismos”, Batres J. es particularmente bueno acerca del uso no informal y los regionalismos. Su obra presenta una base para la historia de ciertos términos de vocabulario local. Por ejemplo, en su anotación para dintel , dice: “Es en buen castellano la parte superior de las puertas y ventanas, que carga sobre las jambas. Es, por lo tanto, disparatado decir que se pisan los dinteles de las puertas. El umbral, que es la parte inferior de las puerta, es lo que se pisa.” Lo que aprendemos de esta anotación es que el verbo pisar , en español estándard “pararse en algo”, no había empezado la decadencia semántica que lo convirtiera en una de las formas más vulgares del español guatemalteco. El verbo se registra en el diccionario Sandoval de 1.941-42 con el único significado de Tener coito o acto carnal con una mujer. (La actual validez de este significado se confirma en una columna publicada en 2.006 por Mar­ía del Rosario Molina, columnista del idioma para el periódico Prensa Libre de Guatemala ( http://www.prensalibre.com/pl/2006/enero/18/132480.html , última visita abril de 2.006).

Batres identifica algunos regionalismos como poco frecuentes, por ejemplo, “se emplea mucho entre nosotros”. En estos casos él generalmente da varios ejemplos pero no da correcciones. Uno de estos ejemplos es el uso de la palabra pata ‘casco; pie de animal' para referirse a los humanos. Incluso hoy este uso aparece registrado solamente como “de uso común” en el DRAE y en Guatemala se le considera vulgar, rústico, o demasiado informal, dependiendo del contexto. Batres apenas anota el significado en paréntesis con la anotación para la expresión a patadas (p.62). La anotación para pata consiste completamente de una cita literaria donde se usa con referencia a algo humano. Para Batres este uso de pata parece ser apenas de uso común y no un barbarismo.

Otro ejemplo se presenta en su forma de tratar la muy guatemalteca expresión a saber, cuyos significados él registra como ‘¿quién sabe?, no sé, no se sabe'. Muchos de los contextos que él da para esta expresión, como el que él llama el condicional, parecen ser menos communes hoy día, si es que acaso existen. Por ejemplo, “A saber que venía Lorenzo, no hubiera yo venido”, no se comprende hoy con un sentido condicional. Sinembargo, la expresión a saber en otros contextos se integra totalmente en el español guatemalteco y se oye con mucha frecuencia. Es obvio entonces que Batres tiene cierto cariño hacia muchos chapinismos (< chapín ‘guatemalteco' una palabra que Batres no registra).

Sinembargo, otros regionalismos se llaman “provincialismos,” o alternativamente “vicio”, “barbarismo”, “vulgarismo”, ó “corrupción”. Muchas de estas anotaciones presentan formas corregidas o de mayor prestigio para ser usadas en su lugar. La atención de Batres para corregir el uso se extiende a la pronuciación, y su registro permite penetrar las pronunciaciones equivocadas de su época. Los patrones de cambio de sonido que se reflejan en anotaciones como cuete en lugar de cohete son fuentes ricas para investigación. Algunos de los patrones que se pueden identificar al comparar sus ejemplos incluyen (1) el uso de r para l , por ejemplo, almario para armario (p.86); (2) los cambios en vocales sin énfasis, por ejemplo, e > i en rodiar < rodear (p. 498); (3) la preservación por analogía de diptongos en palabras como buenísimo, fuertísimo , y nuevísimo (p. 405); y (4) la preservación de la j aspirada arcaica donde el español estándard de hoy día tiene la h ortográfica silenciosa como en jurgar para hurgar (p.351) y jiede para hiede (p. 348). En cuanto al uso de la alveopalatal fricativa, [x], perdida del español peninsular para mediados del siglo XVI, Batres Jáuregui escribe el sonido como ch e indica siempre cuando debería pronunciarse “como en francés”.

Al considerar esos detalles gramaticales que son realmente característicos del español guatemalteco, como el voseo , Batres con frecuencia es rígido. El incluye la anotación para vos de esta forma: “¡Al fin llegamos al vos, que es como si dijéramos la fuente de nuestra usual jerigonza; de ese modo de hablar tan incorrecto como bajo!” Denuncia el uso en cada oportunidad pero su crítica parece haber tenido poco efecto ya que el voseo es totalmente característico del español guatemalteco y, en efecto, parece esparcirse a través de clases sociales y contextos.

El considera el supuesto uso excesivo de diminutivos en español guatemalteco algo menos desagradable, aunque considera muchos de ellos exagerados e innecesarios: acerca de ahorita ‘right now' (< ahora ‘now') el dice “lo cual sobre ser absurdo es vulgar” (p. 78). Parece molestarse menos con el uso “excesivo” de aumentativos del español guatemalteco, y usa barrigón , por ejemplo, como una distinción necesaria para una persona con una barriga grande (p.128).

Los intereses más grandes de Batres son las expresiones particulares de Guatemala, y ya que escapan la censura de la DRAE, él registra cuidadosamente sus contextos usuales y sus significados. El incluye un gran número de expresiones que tienen significado proverbial u otros significados específicos, generalmente registrándolas con el verbo principal. Por ejemplo, para la anotación de hacer (pp. 316-319) encontramos “engañar con apariencias que se hace una cosa” y hacer la vieja también una expresión que describe el acto de solamente pretender trabajar.

Debido a su organización no técnica y su estilo discursivo (anotaciones en el diccionario aparentan ser como si el autor hubiera simplemente escrito lo que pensó acerca de una palabra en particular junto con cualquier otra idea o conexión que se le ocurriera cuando estaba pensando!), casi es imposible extraer información sistemática de allí sin leer cada anotación. Anotaciones individuales pueden incluir largas listas de vocbulario interesante relacionado que no aparece de otro modo, como la lista de palabras de la jerga popular para embriaguez en p. 136f con la anotación para bolo y la lista de verduras locales y frutas que aparece en la p.116f con la anotación para ayote .

El diccionario de Batres Jáuregui es entretenido para leer y está lleno de detalles que resaltan la vida y moralidad de la clase alta guatemalteca de finales del siglo XIX. Su estilo de prosa decorado de siglo XIX con su tendencia hacia adjetivos extravagantes, explota cada oportunidad para elevar a los conquistadors y primeros residentes, para resaltar la independencia de la tierra y lenguage guatemaltecos y para demostrar erudición a través de muchas referencias a las glorias del Latín y de la literatura clásica de España. De este modo también el diccionario de Batres refleja una versión anterior del impresionante arcaísmo y elegancia del habla formal contemporánea del español de Guatemala.

Vicios del lenguaje es invaluable para el investigador interesado en la historia del español de Guatemala. Se le conoce muy poco y no se le cita con frencuencia en obras recientes. Se espera que la existencia de esta página web acerca del español de Guatemala entusiasme a investigadores para que se esfuercen en consultar el diccionario de Batres e incorporen su valioso contenido léxico en diccionarios modernos e investigaciones.

Para consultar directamente el diccionario de Batres, presione aquí.

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